Retazos del pasado para un año nuevo

Esta mañana estaba agazapado en la cama. Remoloneando, como ya suele ser costumbre. De repente, mi teléfono empezó a sonar. Era de la tienda de bebidas alcohólicas. Querían saber si podía hacer un turno ese mismo día a partir de las nueve. Sin dudarlo, asentí. No estamos para desperdiciar oportunidades de nuevas entradas de ingresos. Sin embargo, no miré bien el reloj, porque si lo hubiera hecho, me habría percatado de que tenía menos de una hora para dar de comer al perro, desayunar, pasear al rey de la casa, ducharme, prepararme y llegar al trabajo. Milagrosamente, en un tiempo récord, conseguí realizar tal hazaña.

Este mes finaliza el trabajo en la tienda y, aunque aún me quedan algunas horas laborables por delante, ya tengo criterios para hacer balance. Por ahora, me lo voy a guardar. No obstante, algo que me ha rondado la cabeza durante todo este tiempo son las casualidades o, quizás, en este caso, las similitudes. De hecho, el hilo conductor de este blog es la influencia del azar y la suerte en una vida que voy construyendo. Pues bien, cuando hablo de paralelismos, me refiero a mi historia familiar. Soy consciente de que muchos de mis lectores, no tienen ni idea de dónde vengo y tampoco atisban hacia dónde voy. Esto último, incluso, hasta a mí me cuesta saberlo. Para no alargarme y complicar el enredo, simplifico las ramas profesionales de mi familia en dos grandes grupos: el comercio y la enseñanza. ¡No es coincidencia que aquí en Toronto haya encontrado trabajos en ambos ámbitos!

A partir de enero, cuando las clases de español sean el pilar de mi sustento económico, supongo que me reportarán, además, anécdotas que plasmaré en este medio. Por ello, hoy prefiero centrarme en la parte comercial. Mi familia paterna disponía de la típica tienda de ultramarinos de pueblo. Da la casualidad que ambos abuelos de mi padre tenían sendas tiendas. Como se ve, el comercio es algo bastante inherente a mi persona, ya antes de nacer. Cuando era un crío, los fines de semana y los veranos los pasaba en casa de mi abuela. Al mudarnos al mismo pueblo años más tarde, mis visitas ya eran diarias. En casa de mi abuela, se encontraba la tienda, en la que se vendía de todo: comida, zapatos, ropa, menaje, productos de ferretería y un largo etcétera.  Para mí aquel lugar era un universo de aventuras por descubrir, en donde siempre había algo nuevo o desconocido. La tienda tenía sus recovecos y los gatos que allí habitaban los conocían tan bien como yo.

En su sitio, siempre se encontraba mi abuela, quien con una sonrisa atendía a todos los clientes y, en su mayoría, clientas, que por allí transitaban. Siempre disponía de algo que era de utilidad para los que se acercaban. También me acuerdo de cómo los domingos, después de misa, los niños iban corriendo a la tienda para comprar chucherías. Yo era uno de ellos, aunque ella siempre me las regalaba. Hasta la hora de comer nos íbamos a jugar al parque de enfrente y luego regresaba a casa de mi abuela, en donde cada domingo toda la familia nos reuníamos. ¡Qué ricos aquellos tortos de maíz con el pote de berzas! ¡O aquel pitu caleya con puré de patata! ¡O aquellas patatas rellenas con sus palillos coleccionables! ¡Qué delicias preparaba esa mujer! Pero bien, volviendo a la actualidad, me sorprendo estos días al atender a mis clientes, porque me sale con naturalidad esa misma sonrisa perenne que ya mi abuela mostraba a todo el mundo. Y aún me asombro más cuando al contar el dinero, me acuerdo de cómo mi abuela me enseñaba a sumar al hacer los cálculos en grandes hojas de papel en que envolvía los productos mercados.

El tiempo pasa, la vida sigue, pero los recuerdos, aunque lejanos y recluidos en un rincón escondido del subconsciente, siguen ahí. Nunca volverán esos días, nunca volverá la niñez, nunca volveremos a estar juntos. Este 2016 ha sido un año que me ha dado mucho, en el que he aprendido a través de múltiples experiencias, pero también me ha quitado esa figura de mi infancia. No puedo cerrar este capítulo sin homenajear a esta gran mujer, que sacó a su familia adelante y que, con tesón y fuerza de voluntad, me enseñó a ser una mejor persona. Pasarán los años, pasará la vida, pasarán las personas, pero te seguiré guardando en el recuerdo y en el corazón. Muchos, muchos.

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One thought on “Retazos del pasado para un año nuevo

  1. Entrañable y emotivo recuerdo es el que queda de aquellas personas que han dejado una huella en nuestra vida. A ella le encantaría leerlo. Te demostraría lo orgullosa que estaba de su nieto.

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