Y la nieve llegó…

El viernes pasado vivimos en Toronto un clima de absoluta excepcionalidad para estas fechas del año. Hacía 18 grados centígrados. Ni corto ni perezoso me dispuse a dar un paseo con el perro por alguna senda que no hubiera transitado aún. Para los que me conocen, me imagino que no les extrañe mi interés por caminar, ya sean 10, 20, o incluso, más de 60 kilómetros en el mismo día. Pues con un tiempo tan atípicamente bueno, no lo podía desaprovechar.

Durante estos meses en Toronto, he seguido cultivando esta afición por descubrir mi entorno paso a paso. La verdad es que me viene heredada de mi padre, quien camina más de una hora al día, y  a su vez de mi abuela paterna, que solía andar bastante cuando la salud se lo permitía. Pues bien, ese día me decanté por una excursión a lo largo del río Don hasta llegar a su desembocadura en el lago Ontario y alcanzar la cercana playa de Cherry Beach. En total, eran unos 13 kilómetros, que me servirían para ejercitar mi aún dolorida rodilla, tras el trastazo que me había llevado la semana anterior. Como es habitual, no suelo encontrarme a muchos viandantes por los recovecos en los que suelo transitar, pero no puedo quejarme del estado de las sendas. Al menos, hasta ahora, ya que en invierno el ayuntamiento no realiza tareas de mantenimiento. Tampoco puedo dejar de mencionar los sitios pintorescos que encuentras en zonas apartadas de la ciudad. Puentes inutilizados de una época pretérita, largos caminos cubiertos por un frondoso manto de hojas amarillas y escoltados por altos árboles que mudan para el invierno, vías de ferrocarriles sin trenes, que al buscar su principio o final, siempre me hacen recordar el futuro, el porvenir y la oportunidad, además del triste final de Tolstói en aquella fría habitación de la estación ferroviaria de Astápovo en que exhaló su último aliento.

Ese viernes, aparte de conocer nuevos rincones de la ciudad, pude disfrutar de un agradable paseo para meditar. Una vez dejado el río a un lado, había que cruzar la zona portuaria hasta llegar al destino. El sol estaba sucumbiendo ante la noche y una vez a la altura del lago, se podía observar el reflejo de los imponentes edificios del centro de la ciudad teñidos de colores rosáceos y anaranjados. Durante la vuelta los rascacielos comenzaban a brillar y a dar la impresión de una ciudad futurista. El perro me acompañó sin mostrar fatiga alguna, aunque el pobre a veces aqueja las largas distancias que le marco. En todo caso, para su alivio perruno, no creo que vayamos a recorrer muchas millas más en los próximos meses debido a las adversas condiciones climáticas que tenemos por delante.

De hecho, mi idílico tiempo primaveral se esfumó a la primera de cambio. Es decir, a los dos días. El domingo me levanté y tras las ventanas un cielo gris encapotaba la urbe. Echando la vista abajo, un manto blanco cubría los tejados, aceras, calles y jardines que podía ver desde el apartamento. Adiós al otoño, el invierno ha llegado. Por suerte, ese día me invitaron a una feria de vinos y productos gourmet. De esta manera, podría llorar mis penas ante el túnel que nos acompañarían durante los próximos meses. No es que no supiera dónde me metía antes de venir, pero es que me sigue dando mucha pereza el frío gélido que se avecina. Espero que una vez mentalizado lo pueda soportar con más alegría.

La feria no tuvo pérdida. Pero, sin duda, lo mejor fueron los puestos de vinos, quesos y caquis españoles. No sólo porque hubiera trabajado en ellos dos años atrás, sino que sus productos me acercaban un poco a casa, al menos aunque fuera un poco. Del resto de expositores, me quedo con una salsa de champiñones y unos tentempiés vegetarianos parecidos a las patatas fritas, junto a las entretenidas instrucciones de un joven cocinero canadiense. Así mismo, también probé suerte en un sorteo para un viaje con todos los gastos pagados a Barbados. Si el frío llama a la puerta de tu casa, un avión al Caribe siempre es una buena opción. Veamos si el azar y la casualidad quieren que el país isleño se sume a la lista de mis próximos destinos.

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