15 de octubre

De quince en quince y tiro porque me toca. Ya ha pasado un mes desde que aterricé en tierras canadienses y parece que el azar y la casualidad me lo han querido recordar de forma especial. Soy consciente de que estamos a 20 de octubre, pero resulta que el día 15 no ha caído en jueves. Como balance de estos treinta y pico días de aventuras torontonianas, me siento razonablemente satisfecho. Cierto es que aún no he picado a la puerta correcta del empleo remunerado, pero reconozco que no cejo en el empeño de encontrar alguna oportunidad para desenredar esta maraña de incertidumbre.

Pues bien, el 15 de octubre, santo de mi señora madre y fecha señalada en el calendario, me encontraba yo repantigado en el sofá cuando recibí una inesperada noticia. Tenía correo. Había recibido una postal con una fotografía del cuadro “El puente de Charing Cross” (1899), del pintor francés Claude Monet, óleo sobre lienzo que forma parte de la colección del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. El remitente de la misiva era un señor canadiense que estaba disfrutando de un viaje por España y Portugal con su esposa. Me imagino que os preguntaréis por qué yo era el destinatario de esta postal. Pues bien, hace unas semanas, justo antes de embarcarme en esta nueva vida que el destino me tenía reservada, me afané en ponerme en contacto con todas aquellas personas que residían en Toronto y que pudieran echarme una mano, entre los que se encontraban los trabajadores de mi antigua oficina en la ciudad. Al hablar con ellos, me informaron de que había llegado un correo electrónico al buzón de la oficina en el que alguien preguntaba por mi persona. Me lo reenviaron y leí con asombro el contenido del mensaje: “Just a silly question. Are you still in Toronto?” (“Una pregunta estúpida. ¿Sigues en Toronto?”). El autor era un señor al que había resuelto una duda  en 2014 sobre lugares en España en los que se produjera vino con la variedad de uva chardonnay. Tras intercambiar varios correos y algunos consejos, el hombre pareció contento con mis comentarios. Tanto es así, que dos años más tarde, recibí el correo mentado anteriormente. Le escribí para informarle de mi pronta vuelta a Toronto y entonces me respondió que el motivo de su interés por mi localización era enviarme una postal como muestra de su agradecimiento por la ayuda prestada. Dicho y hecho.

Sin embargo, esa no sería la única postal que recibiría ese fin de semana. En el transcurso de mi conversación semanal con mis progenitores, mi madre me comunicó que había recibido otra postal. Esta vez, desde Tailandia. Una de mis amigas aventureras emprendió un viaje sola por el país asiático este verano. El azar hizo que el vuelo de ida despegara de Bruselas y que pudiéramos vernos durante unas horas. Entonces, nos pusimos al día, comentamos nuestras inquietudes, esbozamos nuestros futuros proyectos y nos prometimos realizar un viaje juntos a Islandia en el futuro próximo. Pues bien, con su postal de aguas cristalinas y paradisiacas, al estilo de “La playa” en la que se bañaba Leonardo DiCaprio en el 2000, esta compañera de vida me recordaba nuestra promesa de descubrir el paraíso helado. Sigo manteniendo mi palabra y espero que en 2017 ese viaje se haga realidad, aunque, para ello, antes necesitaré encontrar una fuente de ingresos estable.

En principio, no espero más correspondencia. Sin embargo, siempre me queda la ilusión de recibir una de esas cartas escritas de puño y letra, en las que la caligrafía transmite esa proximidad que las nuevas tecnologías han borrado. Como colofón del post de esta semana, sólo quiero resaltar un pequeño detalle de la postal de Madrid. En el reverso, junto a las palabras de afecto y agradecimiento, está el sello de correos. Éste tiene la imagen de un asturiano que emprendió un viaje a Las Américas para fundar hace ya más de 450 años el primer asentamiento europeo en el territorio que hoy ocupa Estados Unidos. Se trata del explorador Pedro Menéndez de Avilés y de la ciudad de San Agustín de la Florida (1565). Inspirado por la figura del avilesino, junto con la del bisabuelo que emigró a Cuba a principios del siglo XX, como tantos otros, para hacer fortuna, sigo buscando mi suerte en un continente que desde antaño ha sido sinónimo de oportunidades.

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