15 de septiembre

“¡Hola! Soy Pablo. Y soy de Asturias”. Pronuncié esta alocución en un día como hoy, 15 de septiembre, hace justamente una década. De aquella, contaba yo con 18 años y me encontraba en el edificio en el que empezaría a germinar una nueva etapa de esta apasionante aventura que es la vida.

Tras haber salido del que se había convertido mi hogar apenas unas semanas atrás, me dirigí a la entonces Facultat de Traducció i Interpretació del Campus de Les Rambles de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Allí había previsto un acto de bienvenida para nuevos alumnos. Inexplicablemente para mi persona, llegaba con algo de retraso. Razón por la que, cuando crucé el umbral  de la puerta del auditorio de ese magno edificio, los asientos libres escaseaban. En mi fuero interno, los nervios me carcomían y mis pensamientos se limitaban a asumir que, por un lado, no entendería a la mayoría de mis futuros compañeros, porque estarían hablando en catalán; y que, por otro lado, había perdido la oportunidad de socializar, viéndome obligado a hacerme un hueco en donde buenamente me era posible. El lector avezado se dará cuenta de que la hipérbole es inherente tanto a mi discurso como a mi día a día. ¡Son manías que tiene uno!

Pues bien, allí me hallaba yo, sentado junto a un centenar de personas, en su mayoría mujeres, cuando escucho detrás de mí a unas chicas hablando en castellano. Vi la oportunidad de entablar una conversación, me di la vuelta y solté la dichosa frase con la que he comenzado esta nueva entrada del blog. La receptora de mi mensaje me observó detenidamente con cara amistosa y se presentó. Lamentablemente, necesitó repetirme su nombre tres veces para que yo me enterara de cómo se llamaba. Su semblante, entonces, se tornó menos cordial, mientras que, para mis adentros, me sentía estúpido por haber dado una primera impresión tan penosa. Sin embargo, no debió de ser para tanto, dado que con el paso de los meses esa chica se convertiría en una gran amiga con la que sigo guardando una relación excepcional. Junto a ella, durante estos últimos 10 años, múltiples personas me han acompañado y, en mayor o menor medida, me han enseñado formas diferentes de ver la vida. Algunas nunca me han dejado escapar, otras las llevo en mi recuerdo, pero a todas les agradezco el papel que consciente o inconscientemente han tenido sobre mí. Yo no sería quien soy si el azar y la casualidad no nos hubieran juntado.

Ese 15 de septiembre se abría para mí un mundo desconocido. Pasaba del control paterno a la emancipación y, por primera vez, me sentía dueño de decisiones reales que me afectarían para los años venideros. Al mismo tiempo, me alegraba por estar cumpliendo mis otrora sueños y por seguir el camino que yo propiamente había diseñado para mí. El destino, no obstante, es caprichoso y, en ocasiones, le gusta llevarte por los senderos más insospechados. Así pues, hoy, 15 de septiembre de 2016, también inicia otra etapa nueva en mi andadura por el mundo. Mis pasos desandan un trecho y me retrotraen dos años atrás. Me devuelven a Toronto, ciudad en la que me siento como en casa y en la que vive parte de esas amistades que han dejado una marca indeleble en mi corazón. Aún así, he dejado Europa con tristeza, porque allí está mi familia y mi hogar. En todo caso, aunque no pueda reprimir las lágrimas al alejarme de mis seres queridos, sé que la decisión de inmigrar ha sido la acertada. En la ruleta de la vida hay que apostar al número que crees que más te va a aportar, a pesar de que, de primeras, no sepas si vas a perder o ganar. Por mi naturaleza optimista, siempre busco el lado positivo de las cosas, pero soy consciente de que todas nuestras decisiones tienen un coste de oportunidad.

Escribo estas líneas desde el avión que me transporta a Canadá. Entre el manojo de sentimientos contradictorios y el cansancio de una noche demasiado corta, pienso en el trayecto que me resta y en lo ya transcurrido. Más allá de mis cuestiones existenciales, de este día me quedo para el recuerdo con la reverencia del asistente del vuelo entre Madrid y Londres tras informar sobre las medidas de seguridad de la aeronave, con su anuncio por megafonía de la pérdida por un pasajero de una bolsa de “El Cortés Inglés” con unos zapatos y con un cartel publicitario de restaurantes italianos en el aeropuerto de Londres Gatwick con el eslogan “Pasta la vista, baby”. En fin, el viaje continúa y estoy seguro de que alguna historieta más saldrá de este periplo. Sin embargo, hasta entonces no dejo de pensar en el enrevesado destino que ha escogido esta fecha del 15 de septiembre para volver a dar un giro a mi vida. Qué mejor manera de festejarlo que retomando la escritura de este blog lleno de azar y casualidad, ahora de nuevo, en Canadá.

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